Existe hoy un discurso, hegemónico por lo menos al interior de la clase media (prefiero pequeña burguesía en el sentido de Poulantzas, pero se entiende mejor así), que demoniza la militancia política y en especial la militancia peronista. Voy a escribir sobre este ya que en pleno conflicto con el campo, discutiendo con amigos y familiares salió esto a la luz con más fuerza que nunca.
Lo primero que voy a hacer es enumerar algunas (las más importantes desde mi punto de vista) de las aristas que tiene esta construcción significativa, sin ser lo suficientemente exhaustivo, pero intentando dar un explicación lo más certera posible. Ellas son:
La imagen del militante violento.
El análisis que dice que el militante esta alienado por la organización política a la que pertenece, incapaz de juicio crítico, y con una opinión “más subjetiva“, es decir, jerarquizando el nivel de subjetividad en relación con la cercanía o lejanía a una estructura política o a algún pensamiento más o menos sistematizado (tomar postura por alguna “ideología“ en términos populares).
La imagen del militante utilitarista: es decir un militante que esta en una organización política por simple pragmatismo, por simple interés individual, queriendo usar la política como un fin para su propia “fortuna“ personal, o aquel que va por “el chori y el vino“ (detrás de este se esconde un discurso totalmente clasista).
Así en los medios se muestra a un D´elía golpeando a un tipo una y otra vez, se hacen coberturas en los actos donde se busca a alguno que este pagado, y se califica a los mismos como “fanáticos” o “sectarios” (ver el blog de Zloto y Tenembaum) entre otras cosas. Nada de mostrar a los que vamos a los barrios para aprender y ayudar en lo que se pueda, los que nos preocupamos todo el día, equivocados o no, por hacer de nuestro entorno algo mejor, los que incluso a veces dejamos cuestiones personales por aportar nuestro granito al cambio social o a algo parecido a eso. Por eso através de este artículo me gustaría intentar desmitificar estos tres aspectos.
Primero decir que la violencia es algo que se debe entender en su contexto. Digo, ellos nos desabastecieron (si les hablo a ustedes los del “campo“) , nos cortaron las rutas (decidiendo quien pasaba y quien no), nos subieron los precios, intentaron desestabilizar el gobierno que nosotros defendemos y elegimos democráticamente, nos dijeron que éramos el “zoológico” (y muy orgulloso de serlo) , y a pesar de todo eso, más allá de algún episodio aislado (su violencia fue conciente y sistemática), respondimos con la mayor de las calmas y con la mayor cordura. Y no sólo eso, antes ustedes cuando habían “otros” piquetes ustedes pedían represión, y sin embargo este gobierno no reprimió a ninguno de los “suyos” (a De Angelis se lo llevaron a upa como dijo Kirchner) . ¿Entonces somos nosotros los violentos?
Con respecto al segundo punto, fue un argumento que esgrimió muy bien un amigo mío (y también mi suegro). Me repite hasta el cansancio en cada discusión que por mi condición de militante soy un cerrado, y que mi punto de vista es “más subjetivo” que el de alguien que no participa de ninguna organización política (llego a decir que hasta las estadísticas que yo usaba como argumento eran “del gobierno”). Por ende, nosotros los militantes, seríamos seres irracionales cooptados por la organización política a la que pertenecemos, y los ciudadanos como este amigo mío serían “libres pensadores” los cuáles para argumentar en una discusión “usarían un poco de esto o un poco de aquello”, utilizando frases obvias para demostrar su supuesta neutralidad (en última instancia están siempre en contra del gobierno y de cualquier gobierno con tendencias populares), como por ejemplo “el gobierno hace cosas malas y también cosas buenas”. Lo que tengo que decir a favor de la militancia es que al tener un conjunto de ideas mas o menos sistematizadas, mas allá del nivel académico del militante, nos permite analizar la realidad de manera más ordenada y también nos permite aprender mejor, ya que si la realidad nos refuta algo que este inserto en nuestra estructura de pensamiento, podemos cambiarlo inmediatamente para adaptarlo a la nueva realidad (¡Díganmelo a mi con la famosa concertación!). No sólo eso, nos hace más concientes ya que los discursos que vuelcan los medios de comunicación u otros aparatos ideológicos los miramos desde una perspectiva crítica, la cuál nos la da el hecho de tener una “estructura” de pensamiento (si muchachos, con esto quiero decir que un ciudadano “libre pensador” es mas manipulable por la clase dominante).
En referencia al tercer punto, creo que en eso el Kirchnerismo ha innovado (con respecto al peronismo en la época del menemismo). Es verdad, existe gente que utiliza la política para fines personales, pero en este proyecto estamos insertos muchos que creemos en la política como instrumento de transformación social). De esta argumentación también se desprende el lugar común al que caé cualquier opinión: que van por el “chori y el vino”, amputándole así un carácter irracional a las clases populares que participan en el acto (o en política), quitándole así todo tipo de conciencia política, y arrogándose para sí la racionalidad y la conciencia (ver). Así por ejemplo podemos encontrar en programas como CQC en donde se cubría uno de los actos en pleno conflicto con el campo, uno de sus noteros preguntaba a un trabajador petiso y con cara de bonachón: ¿Vienen autoconvocados o los trae un dirigente?, a lo que el trabajador le respondió: Venimos autoconvocados y con un dirigente (definiendo a priori el notero el hecho de que venir con un dirigente es malo o negativo). Con respecto a la tan mentada irracionalidad de los sectores populares Pierre Ostiguy nos dice:
(…)
se ha escrito mucho sobre la “irracionalidad” de los sectores populares con el peronismo o sobre el hecho de que el voto popular peronista sería un producto esencialmente material de prácticas clientelares. Ambas propuestas no son correctas. Esa perspectiva implica por otra parte que las clases medias votan, inversamente, con criterios racionales, sobre “issues” y posiciones ideológicas. Ahí se pierde el aspecto estructural del panorama argentino. De cierto modo, ambos sectores votan con valores, con ciertas pautas. Pero es muy posible que esas pautas, además de los referentes identidarios y de “imagen de si mismo”, sean muy distintos entre niveles educativos y socioeconómicos muy dispares.
Para finalizar quería decir que es tarea de todo aquel que se considere militante del movimiento nacional y popular(aunque no este adentro de ninguna organización política) romper con estos mitos y recuperar la política, la participación, para poder construir el la nación y el porvenir que soñamos.